...es lo que siento cada 28 días cuando la naturaleza me indica que no voy a seguir poblando este mundo con pequeños Pius, al menos por un mes.
Tal vez es por mi naturaleza persecutoria que, aún no garchandome a nadie, sigo pensando que me va a caer el Espiritú Santo versión 2.0 y me va a preñar. Así que no hay mes que no tenga respiro. Y ni hablemos de cuando una tiene la gracia de ser garchada, que si se te pincho el forro, que si te vas a tomar la pastilla y ves que es domingo y recien te estas tomando la del miércoles anterior :S...
A veces me olvido y entonces no vivo con la presión de estar mirando el blister de las pastillas y haciendo calculos maquiavelicos para ver cuando tengo que empezar a sentir puntadas en la "panza".
En otras ocasiones, la desesperación es tal que termino clavandome pastillas del día después como si fuesen caramelos Sugus. Obviamente, las hormonas se me revuelven todas y la angustia se estira porque a la muy pelotuda le gana la ansiedad. En vez de venirme cuando me tiene q venir, se me hace un falso atraso de varios días en los cuales ya tengo hasta los escarpines de la criatura no nata elegidos.
Muchas veces estos episodios desencadenan el fin de una relación. Cuando el tiempo corre y te levantas al baño a revisar si te vino o no cada 15 minutos, ante la mirada desconcertada de tus compañeros de oficina, es inevitable pensar si el pibe con el q te acostaste da para que sea el padre de tu criatura o no. Por ej.: las facciones, haciendo un photoshop de un híbrido entre vos y el de turno. Si es petiso cagaste... el pibe no te va a salir alto de movida, o sea que va a ser objeto de cargadas toda la vida. Además, de que en el colegio se mofen de él al grito de "patas cortas, patas cortas, lalala". Y ni hablemos de esas cosas que no son visible a los ojos, como el caracter de mierda, la mala predisposición para todo o simplemente, que sea un gran fracasado de la vida.
Y no entremos en el tema de que, de repente, lo único que ves son minas embarazadas y madres empujando cochecitos.
Anecdótica fue esa vacación en la cual no sólo que fuimos a la playa y nos llovió todos los santos días, sino que mi vieja tenía un nivel de histeria que quedó en la memoria de toda la familia sólo para enterarme, 20 años después, que el motivo de su falta de humor era un atraso. De tal palo, tal astilla.
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